Incluir el enfoque étnico-racial y antirracista en la política es una responsabilidad ética, social y democrática. No se trata únicamente de representación, sino de transformación: de las formas en que pensamos la justicia, el poder, el desarrollo y la ciudadanía.
La política, para ser verdaderamente pública e incluyente, debe abrir espacio a la pluralidad epistémica y cultural, reconociendo la legitimidad de las formas afrodescendientes de comprender el mundo, organizarse y liderar. Apostarle a una política con enfoque étnico diferencial es construir caminos de reparación, equidad y dignidad.
Este módulo invita a las personas participantes a mirarse críticamente, a revisar sus prácticas y discursos, y a comprometerse con una acción política que contribuya a desmantelar el racismo estructural desde el lugar que cada quien ocupa.