El enfoque étnico-racial parte del reconocimiento de las identidades colectivas, los saberes propios, las trayectorias históricas de lucha y resistencia, así como de las afectaciones particulares que han vivido los pueblos afrodescendientes especialmente y otras comunidades étnicas como resultado del racismo estructural y la discriminación sistemática.
En el ámbito político, este enfoque se traduce en la necesidad de garantizar una participación efectiva, con voz propia, en espacios de toma de decisión; en el diseño de políticas públicas culturalmente pertinentes entendiendo los contextos territoriales de cada pueblo; y en la inclusión activa de liderazgos étnicos en el debate y la formulación de propuestas transformadoras.
Incorporar un enfoque antirracista y de género, en la política implica no sólo reconocer la existencia del racismo, sino actuar decididamente para desmontarlo desde la institucionalidad, la legislación, la práctica política y la vida cotidiana.